martes, 26 de marzo de 2013

Quizá-quizás.

Todas tus remeras negras las quemé
y tu cariño verde-pasto lo vendí.
La lógica de nuestro cariño es
odiarnos profundamente.
Hay miles de personas ardiendo en su interior,
no saben que existe el vino tinto
de uvas violetas,
como tu saco preferido 
y todas tus prendas.


No te observo, me rosas con tus dedos la piel
parezco porcelana
fría, blanca, deliciosa.
El otoño nos tocó la puerta
nos refresco el cuerpo
y los besos.
A veces creo que no existimos,
nuestra galaxia es producto de algún
no-sé-que,
pero respiramos.
Es tan importarte que respires.
Y aunque a veces nos lastimamos,
todos queremos que llegue el invierno.
Queremos la naturaleza muerta,
los árboles desnudos,
y el pasto helado.
Los claveles en tus cuadernos,
los claveles rojos-celestes-violetas,
están por toda tu casa,
es casi una invasión,
me los regalas, me llenas, no sé si los quiero.
No necesitas prestarme las perlas
yo quiero vegetación.


No me inspiras tanto, ya no sos una musa.
Solo quiero verte transformándote en un gato negro,
transformándote en mi película preferida.
Te dibujo tanto que ah
todas tus expresiones las tengo en mi retina-ojo-biónico,
gatito negro.
Serás siempre la chica que nunca pude tener
el polo norte y sur juntándose-uniéndose,
la semilla y la flor silvestre,
Barret en Pink Floyd,
el amor platónico de todos los siglos,
la iluminación y la obscuridad absoluta en mi habitación.
Y a veces te extraño, y quisiera que toques mi puerta.
Pero en Neptuno nos encontramos y nos amamos,
con la nieve y abrigos,
el frío brutal,
el odio mutuo.